Tinde'e una expedición express
Después de
13 horas durmiendo más 2 de siesta, ya pude decir que estaba de regreso. Esta
expedición, la número 12 de este tipo para mí, ha resultado engorrosa de
organización, onerosa económicamente, extenuante de viajes, escasa para
disfrutar y apacible de ejecución... Uf qué liada, seguro que este análisis
todavía es fruto del jet lag o tal vez no, quizás sea fruto de experiencias
anteriores y/o de falsas expectativas, el tiempo me dará luz.
Lo cierto es
que más que pasarlo bien, me he sentido muy bien... Ha sido una expedición de
esas para crear afición, aunque en mi caso falta no hace... Estas actividades
son para mi alimento del alma.
Una expedición engorrosa, onerosa, extenuante y escasa
La
organización de los 6 vuelos
(Madrid-Montreal-Toronto-Yellowknife/Yellowknife-Vancouver-Montreal-Madrid) más
1 de avioneta con esquís (Yellowknife-Bahía de Rocher River), con el trasiego
del exceso de equipaje habitual en estas actividades y su diferente concepción
en función de líneas aéreas, aeropuertos o personal... Supone un sinvivir y un
gasto importante, más allá del nivel de vida de un país como Canadá y
sobre todo de una población como Yellowknife, “un puesto avanzado de civilización rodeado de un
vasto y austero paisaje de roca, tundra y agua” (De un artículo de El Español),
especialmente la masa del enorme Tinde’e (Gran Lago del Esclavo) mi objetivo.
Llego a la
capital de los Territorios del Noroeste el 1 de abril sobre
las 12 de la noche (GMT-6). A las 09:00 del día 2 estoy en la pista de despegue
de la avioneta, la misma bahía de Yellowknife, que me llevará al
sur donde comenzará mí travesía. Durante los días 2, 3, 4, 5 y 6, cruzo de sur
a norte algo más de 130 km del Tinde’e. El día 7 me subo a un avión
y el día 9 llego a las 22:00 a Gijón, donde me esperaba Lucía, para ya juntos
regresar a Avilés (GMT+1).
Una agenda
tan ajetreada no permitió disfrutar del viaje y la experiencia tal como yo
quisiera, pero alargar la expedición supone consumir más recursos y encarecer
la expedición... Tengo que desquitarme, pero esto lo contaré en otra
entrada.
Una
expedición apacible
El
lago Tinde’e es el décimo lago más grande del mundo, forma
parte de la cuenca del río Mackenzie, cubre un área de 28.400 km2 y
su profundidad máxima es de 614 m, lo que le convierte en el lago glaciar más
profundo de Norteamérica. El lago permanece congelado durante unos
ocho meses, y aunque el territorio tiene un clima subártico, durante los
primeros 4 meses del año es predominantemente polar... Pero el Tinde’e ha sido
muy muy benévolo conmigo, una semana de meteo espectacular ha favorecido mi
travesía. Ya sé que la épica del sacrificio, la dureza, etc, vende mucho, pero
la realidad es que esta travesía ha sido coser y cantar.
El estado de la superficie favorecía el desplazamiento, en general capa fina de nieve sobre el hielo, pocos campos de nieve profunda, ausencia de grietas y crestas de presión pequeñas. Si a esto se le añade una sensación térmica media de -23ºC (de noche -30ºC) y una humedad contenida por el sol reinante, hacen que mi travesía haya sido placentera... Lo digo porque así lo he vivido y disfrutado, porque sé lo que es tener 2 horas de luz, estar varios días seguidos por debajo de -50ºC, que el viento te atraviese como un cuchillo y a las 3 capas más 1 haya que sumar todo lo que llevas, que todo el equipo esté congelado, ver que el hielo de la banquisa se abra detrás de mí y por delante se pudra, pasar miedo, sentirme muy al límite, dormirme de pie mientras hablaba por el teléfono satelital... Porque sé lo que es ir apretado, sé que esta vez he ido holgado.
"Preparate para lo peor esperando lo mejor"... Y sucedió lo que uno espera y casi nunca sucede, por lo que hay que aprovecharlo y agradecerlo.
Si, ya sé ¿por qué solo? ... Vale lo cuento en la próxima entrada.

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