Feliz Día de la Madre

 Día de la Madre de un montañero

A Chiruca, mi madre, le tocó la peor parte en una familia montañera. Le gustaba caminar despacio, pero no la cuesta, el calor, la lluvia... Sus retos más duros, al menos los que recordaba, fueron la ruta del Cares o el Pico Agujas.



Chiruca, vaya nombre para la madre de un montañero. Mi madre mantenía que las botas Chiruca, la original, la que dio origen a la marca, eran las mejores botas que había para el monte. Si llovía o había nieve ponía unas bolsas de plástico entre las medias y las botas... Mi madre había inventado la barrera de vapor. La idea funcionaba, y así se aplicó para mejorar mi chaqueta de loneta, cosiendo la tela de un canguro en desuso como forro... También me hizo pantalones al estilo bávaro y me tejió un jersey al estilo más alpino de la época

A Chiruca le tocó sufrir la desaparición de mi padre en Picos de Europa, cuando no existía el GREIM, ni el Grupo de Rescate de Bomberos Asturias, ni había teléfonos móviles. Años después, a Chiruca le tocó sufrir mi desaparición en Picos de Europa, realmente estaba bloqueado por la nieve. A Chiruca le tocó llamar a Radio Exterior de España para localizarme en un viaje a Alpes. A Chiruca, en el Economato, le tocó enterarse que estaba en una expedición complicada y no en un viaje de trabajo. A Chiruca le tocó enterarse de que me habían dado un premio por esas cosas que nunca había entendido... “Eso de la cuerda no te va a servir para nada”... "No le compréis esos libros que le calientan la cabeza".

Dicen que los padres juegan un papel fundamental en la vida de un alpinista, ya sea como fuente de inspiración, como apoyo práctico o como fuente de motivación. A Chiruca le tocó aceptar y sufrir, lo que no es poco. Una vez fue a una conferencia mía y más de una vez apartó la mirada de la proyección... “Me vas a matar a disgustos”. Chiruca ya no está entre nosotros, se fue con 93 años.

En este relato no hay reproches, sonrío mientras escribo estos recuerdos como forma de homenaje. No me puedo arrepentir de mi vida, entiendo las consecuencias de la misma sobre los demás, las acepto y vivo con ello.

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