Feliz Día de la Madre
Día de la Madre de un montañero
A Chiruca, mi madre, le tocó la peor parte en una familia
montañera. Le gustaba caminar despacio, pero no la cuesta, el calor, la
lluvia... Sus retos más duros, al menos los que recordaba, fueron la ruta del
Cares o el Pico Agujas.
A Chiruca le tocó sufrir la desaparición de mi padre en Picos de Europa, cuando no existía el GREIM, ni el Grupo de Rescate de Bomberos Asturias, ni había teléfonos móviles. Años después, a Chiruca le tocó sufrir mi desaparición en Picos de Europa, realmente estaba bloqueado por la nieve. A Chiruca le tocó llamar a Radio Exterior de España para localizarme en un viaje a Alpes. A Chiruca, en el Economato, le tocó enterarse que estaba en una expedición complicada y no en un viaje de trabajo. A Chiruca le tocó enterarse de que me habían dado un premio por esas cosas que nunca había entendido... “Eso de la cuerda no te va a servir para nada”... "No le compréis esos libros que le calientan la cabeza".
Dicen que los padres juegan un papel fundamental en la vida de un alpinista, ya sea como fuente de inspiración, como apoyo práctico o como fuente de motivación. A Chiruca le tocó aceptar y sufrir, lo que no es poco. Una vez fue a una conferencia mía y más de una vez apartó la mirada de la proyección... “Me vas a matar a disgustos”. Chiruca ya no está entre nosotros, se fue con 93 años.
En este relato no hay reproches, sonrío mientras escribo estos recuerdos como forma de homenaje. No me puedo arrepentir de mi vida, entiendo las consecuencias de la misma sobre los demás, las acepto y vivo con ello.
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