¿Tienes miedo?

Este miércoles me lo volvieron a preguntar... Si, claro que tengo miedo, mi miedo. Todos los deportes llamados de riesgo, están condicionados por un miedo muy presente a perder la vida, un miedo que genera mucha incertidumbre.


Versiones del miedo

Walter Bonatti señalaba “El coraje sin miedo es una estupidez", “El miedo es un educador en la montaña, evita la inconsciencia e impulsa en los momentos difíciles. El miedo es un valor importante". El miedo para el italiano no era un obstáculo, le orientaba a la hora de tomar decisiones difíciles.

Por su parte, Reinhold Messner apuntaba la fórmula de compartir la carga del miedo, "Aunque sólo sea para compartir el miedo necesitamos al otro”. Y por si quedan dudas, el sudtirolés afirmaba “La imagen del alpinista-héroe es totalmente errónea; los alpinistas son personas absolutamente normales, con miedos”. Cuenta Messner que necesitó mucho tiempo para saber manejar el miedo, aprender a retirarse, olvidar el reto o volver a intentarlo en otra ocasión.

Kazuya Hiraide, uno de los himalayistas más conocidos de este siglo, reconoció su miedo: “He cogido miedo a las montañas”. La enorme experiencia y conocimiento del japonés, sumado a la pérdida de unos cuantos amigos alpinistas, le hicieron valorar claramente el riesgo asumido. Aun así, siguió hasta su fallecimiento en el K2, su miedo no le detuvo.

¿Qué es el miedo?

Cuando se habla del miedo es fundamental conocer su origen. El miedo forma parte de las emociones naturales. El miedo es una respuesta de nuestro sistema límbico y como tal es una reacción automática con un componente fisiológico que da respuesta a un estímulo. El miedo se activa ante la presencia de una amenaza real o percibida, y se desencadena de forma visceral, sin ser conscientes de lo que está sucediendo. En su manifestación, el miedo provoca el aumento de la frecuencia respiratoria, la cardíaca, la presión sanguínea, la sudoración, la tensión muscular o la dilatación de las pupilas, entre otros cambios fisiológicos y se liberan hormonas y neurotransmisores como la adrenalina y la noradrenalina, una combinación que desata nuestro mecanismo de supervivencia. Una información codificada en nuestro ADN, heredada de nuestros antepasados más lejanos, que servía para actuar en situaciones en las que peligraba su vida.

«Estamos vivos gracias al miedo»


                                                          ¿Miedo a la soledad, a la inmensidad...?

Es muy importante distinguir el miedo de la ansiedad, la principal diferencia es el origen de la emoción y la naturaleza de la respuesta. La ansiedad provoca una respuesta de nuestro sistema nervioso simpático muy parecida al miedo. Sin embargo, la ansiedad se manifiesta en situaciones cotidianas amenazantes por periodos prolongados, por ejemplo, antes de un examen, mientras que el miedo es una respuesta de componente cognitivo más fuerte, ante una amenaza real o percibida como tal, por ejemplo, la acrofobia.

Trabajando el miedo

Tenemos que empezar por conocer cuál es nuestro umbral del miedo y nuestras respuestas fisiológicas y psicológicas, así poco a poco sabremos ir gestionando la respuesta y mejorando el control, haciendo que el miedo juegue a nuestro favor. Se trata de ir aumentando progresivamente el umbral del miedo y la tolerancia a la incertidumbre.

El trabajo del miedo es un proceso lento, poco a poco me voy adaptando a él mientras preparo la expedición y voy analizando los riesgos, visualizando las posibles situaciones en que me puede asaltar, las alternativas factibles. Algo muy importante para trabajar la percepción que surge después de la emoción original, después del miedo. Un ejercicio mental para procesar información esencial a la hora de tomar decisiones y/o interactuar con el medio. 

«El miedo es mi gran aliado»

Es muy importante no superar el umbral del miedo, porque podemos entrar en pánico y generar una situación fuera de control con un resultado no deseado. O bien bloquearnos sin actuar en consecuencia y quedar totalmente a expensas de las circunstancias y otros factores externos. Eso sí, sin engañarnos, no se trata de engañar al cerebro sino de mejorar nuestra gestión psicológica para evitar entrar en pánico y bloquearnos.

Lo ideal, ante una situación que provoca miedo/incertidumbre es dar las respuestas más trabajadas, las que deben formar parte de nuestro marco de protocolos, las que debemos incluir en la gestión del riesgo de la actividad durante el proceso de planificación de la actividad... Pero de esto ya hablaré en otro post.

 

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