Soy vulnerable... Hablando del riesgo y la vulnerabilidad.

En la última entrada a este blog, hablaba de la importancia de tener en cuenta la vulnerabilidad como factor intensificador del riesgo. Entendiendo como factor intensificador, cualquier elemento, característica o circunstancia. que potencie la probabilidad o la magnitud de dicho riesgo. Pero ya advertía que la vulnerabilidad, en nuestro caso, pertenece al grupo de peligros subjetivos, aquellos inherentes al ser humano, los que corresponden a la persona o personas (atendiendo al perfil) que forman parte de un colectivo. Ejemplos de peligros subjetivos son la falta de preparación física o un estado físico inadecuado, la falta de preparación mental y/o de autoconocimiento, la falta de experiencia y/o de conocimientos técnicos, etc.




Si la percepción del riesgo es vital para nuestra seguridad, entender la vulnerabilidad y conocer lo que nos hace vulnerables es crucial para evaluar el riesgo a tomar y actuar en consecuencia a través de medidas y decisiones que eliminen, controlen o minimicen dicho riesgo.

La vulnerabilidad de una persona o un colectivo, es un estado de debilidad, de incapacidad, de resistencia, de retorno, de adaptación, etc. Un estado que se manifiesta ante la exposición a un determinado riesgo. En cuanto a la prevención de riesgos en montaña se refiere, la vulnerabilidad se establece en relación a la probabilidad de que factores externos o internos generen daños.

Algunos ejemplos de factores externos que intensifican el riesgo de caída de piedras son la gelifracción, la lluvia, el viento, el paso de animales o personas a nivel superior, etc. En el caso de factores internos, serían la inexperiencia, la escasa o incorrecta información, la falta de formación específica, no prestar la adecuada atención, no usar casco, un elevado número de participantes, la diversidad del grupo o de su mala gestión, etc.

La escasa o nula planificación es un factor que nos hace muy vulnerables. Como tal, es uno de los habituales precursores del accidente. La falta de planificación funcional no facilita una reacción positiva cuando surge una amenaza durante la actividad, conduce a una toma de decisiones errónea, que se verá más agravada aún con el estrés y la ansiedad generados por la situación. Siendo conscientes de esto, debemos asumir que planificar en función de la seguridad y crear protocolos de apoyo a la toma de decisiones es la mejor opción posible.




La vulnerabilidad no debe ser vista como algo negativo. En realidad, es o debe ser fuente de autoconocimiento, de desarrollo personal, de resiliencia, y de una asunción del riesgo consciente y eficiente.

¿Qué me hace vulnerable?

Así de fácil: Mi edad que influye en mi estado físico, mis anomalías congénitas, mis sesgos, el estado de mis seres queridos, etc. No apunto la experiencia ni los conocimientos por falta de humildad, sé que debo seguir adquiriendo, interiorizando vivencias y aprendiendo - cualquier “experto” sabe esto - lo hago porque no sería honesto conmigo y con vosotros.

Que hago: Ser consciente de esto y actuar en consecuencia. Empezando por idear objetivos y planificar actividades en las que encaje mi perfil actual, y terminando por asumir los riesgos residuales (los resultantes de la evaluación y tratamiento) y aceptar de antemano todas sus consecuencias.

He dicho “aceptar de antemano todas sus consecuencias” y esto es fundamental. Acepto en verdad, y lo hago conscientemente, el peaje que puedo o voy a pagar por vivir mi aventura. ¿Y cuándo voy solo? cuando soy muchísimo más vulnerable al tener menos capacidad de reacción ante un accidente. Este es un ejercicio mental tremendamente necesario y al que os invito a poner en práctica como ejercicio de responsabilidad y de asunción de riesgos... ¿Recordáis ese proverbio tan montañero de “Prepárate para lo peor esperando lo mejor”? Pues este ejercicio lo intenta llevar a su máxima expresión.

“Ser vulnerable, y ser consciente de esto, no me impide tomar riesgos, me ayuda a gestionarlos y a vivirlos en paz conmigo mismo”.

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