El síndrome del capitán Hatteras

Sufro del “Síndrome del capitán Hatteras” crónico y esta última aventura me lo ha acrecentado, por lo que espero me disculpen la retórica. Mi síndrome no es una enfermedad médica oficialmente reconocida, sino una referencia literaria y sobre todo psicológica que proviene de la novela de Julio Verne, "Las aventuras del capitán Hatteras". El protagonista de la obra, es John Hatteras, un audaz marino inglés, valiente, pero también imprudente, que vive obsesionado con llegar al Polo Norte a toda costa... y al final, esté donde esté, siempre se vuelve al Norte. En resumen, mi síndrome refiere a una fijación obsesiva por derivar al Norte, o como dice Lucía, “a los nortes, a los hielos”.

"Si usted quiere saber dónde está su corazón, mire dónde va su mente cuando pasea". Walt Whitman

En un descarte de la travesía del Vatnajokull en Islandia, por motivos que ahora no importan, se me apareció, en los mapas en que habito, una tierra de gigantes. El nombre hace referencia a antiguos mitos samis (lapones) que describen a gigantes que modelan el vasto paisaje.

En Enontekio, municipio finlandés en el extremo noroeste de la Laponia ártica, en una zona salvaje y remota, en el terreno más montañoso y en el desierto ártico más grande del país escandinavo... Allí, en una reserva natural estricta, se halla una pequeña montaña llamada Saana, perdón, no es una montaña, es un gigante dormido, lo que supone una notable diferencia. El monte Saana, con solo 1029 msnm es una de los más altas de Finlandia y tiene una gran importancia cultural para el pueblo sami (lapón), quienes lo consideran un lugar sagrado.

Montañas de Noruega.

La leyenda de Saana

Según la leyenda sami, hace mucho, muuucho tiempo, la región de Kilpisjärvi estaba habitada por gigantes... “Saana, un gigante sombrío, se enamoró de la hermosa Malla. En el día de su boda, Pältsä, otro gigante enamorado de Malla, invocó a las brujas del océano ártico, que desataron un viento feroz que congeló a todos los presentes. Antes de morir, Saana logró empujar a Malla hacia los brazos de su madre, Gran Malla. Las lágrimas de Malla formaron el lago Kilpis.”

Una leyenda sami, una historia de amor en el salvaje norte, en un paisaje dramático, en un terreno remoto, en el silencio ártico... Tengo que ir, no me lo puedo perder.    

En la cima del Saana... a hombros de un gigante.

El Treriksröset

Si cruzamos el lago Kilpis, entre los gigantes Saana y Malla, podemos alcanzar el Treriksröset, el Mojón de los Tres Países, un rincón donde confluyen las fronteras de los tres países escandinavos... y desde allí podemos adentrarnos en Noruega y regresar por Suecia... y también podemos subirnos a hombros de gigantes ascendiendo el Saana >>> Tenemos que ir, vale la pena, le propongo a mis compañeros.

En el Treriksröset, entre Rizos y Gulle... dos gigantes.

La Ruta Ártica

Y para llegar a esa tierra de gigantes, hay que volar a Helsinki, de allí a Kittilä y desde allí en autobús a Kilpisjärvi por la denominada Ruta Ártica. Una ruta que conecta Rovaniemi (Finlandia) con Tromsø (Noruega), un trayecto escénico de unos 500 km que conecta Laponia con los fiordos noruegos, teniendo como vía principal la carretera E8, es conocida como la "Autovía de la Aurora Boreal" ¿Cómo?¿La Ruta Ártica? ¿La Autovía de la Aurora Boreal?... Sin lugar a dudas tenemos que ir, tenemos que verlo con nuestros propios ojos, tenemos que dejarnos un poco de piel en esta aventura.

El bus de la Ruta Ártica.

Y fuimos... que facil es encontrar motivos para volver Laponia, para superar el círculo polar ártico y dar rienda sueta a nuestro lado más salvaje.

El invierno ártico nos regaló temperaturas de hasta -32ºC, amaneceres y atardeceres de colores melancólicos (Tal como los bautizó Rizos) recortados sobre los Alpes escandinavos, y, derrochando complacencia, una aurora boreal cada noche ¿Quién da más? Nosotros nos sentimos agasajados.

También tiramos de cuerda y de riñones... pero esto es muy aburrido: "Al fin y al cabo, las dificultades son solo cosas que hay que superar". Ernest Shackleton.

Y volvimos... con la retina sobrecargada de paisajes y los tímpanos taponados del silencio blanco, y yo, al menos, con el síndrome del capitán Hatteras... aunque estoy seguro que mis compañeros ya lo están empezando a sufrir... y esto solo tiene una cura... derivar al Norte, siempre al Norte.

Atravesando el lago Kilpis.

"¿Por qué sentimos esta extraña atracción por estas Regiones Polares...? Cuando regresamos a casa olvidamos las penurias mentales y físicas, y no deseamos nada más que volver a ellas". — Jean-Baptiste Charcot

Comentarios

  1. Qué buena explicación de lo que allí hemos vivido y de lo que ahora, aquí, sufrimos. Son, como dices, impresionantes paisajes salvajes, que ayudan a la reflexión y al disfrute, pero que obligan a esforzarse un poco más por llegar a ellos como lo hacemos, en total autonomía. Seguiremos disfrutando de lo que nuestras retinas han tomado hasta que podamos regresas a pasar frío.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Las 5 pes del riesgo

Calor extremo e incendios en nuestras montañas

Ahora me toca a mí