Incendios forestales y actividades de montaña

Finalizado este artículo, y aunque la emergencia nacional está levantada, España está sufriendo una ola histórica de incendios forestales durante este verano, siendo ya el peor mes de julio en los últimos 30 años. Según el EFFIS, Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, en julio han ardido más de 168.300 ha, elevando el cómputo anual por encima de las 186.500 ha calcinadas y registrando al menos 38 GIF, Grandes Incendios Forestales, en lo que va de año. Una primavera lluviosa seguida de las brutales olas de calor, la consiguiente sequía y los fuertes vientos, son los factores más importantes que han influido en la generación de estos megaincendios, una catástrofe ecológica que se extenderá en agosto y que ya se espera para un próximo verano marcado por el cambio climático... que por mucho que algunos lo nieguen, está aquí para quedarse. 



                                                                                                  Sendero quemado en Galicia

No podemos olvidar que el incendio de La Mierla arrasa más de 32.000 hectáreas de la Sierra Norte de Guadalajara, la mayor parte de ellas dentro del Parque Natural. Este espacio protegido, declarado parque natural en 2011, es una de las joyas de la naturaleza castellano-manchega, enclave de valiosos bosques y hábitat de especies como el lobo y del águila perdicera.

Artículo publicado en la web de la Asociación Somos Montaña en 05-08-2026

En Somos Montaña, somos especialmente sensibles con la seguridad, por lo que, dada la estación, la actual situación en España y la proliferación de incendios en nuestras montañas, queremos dedicar este primer artículo a los incendios forestales, cómo afectan a nuestras actividades y algunos aspectos preventivos básicos. Por supuesto, somos plenamente conscientes de los tremendos daños producidos en el mundo rural, con el que nos solidarizamos fraternalmente, como no podía ser de otra manera.

Los incendios forestales, agravados por el cambio climático, representan una de las mayores amenazas ambientales para nuestras montañas. Provocan graves daños ecológicos como la pérdida de biodiversidad, la erosión del suelo, la disminución del afecto albedo y el aceleramiento del deshielo al depositar hollín sobre neveros o glaciares.

Algunos ejemplos de incendios en nuestras áreas de montaña son:

• En 2023 el gran incendio forestal de Tenerife que daña ocho espacios protegidos, incluido el Parque Nacional del Teide.

• En 2025 el incendio de la Ruta del Cares, que afectó de forma grave al corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa y provocó al cierre de la ruta debido al alto peligro por desprendimientos de rocas.

• Este 2026 el incendio forestal en la zona de Oseja de Sajambre, en la vertiente leonesa de Picos de Europa.

Incendios forestales en las montañas

La complejidad de los incendios forestales en áreas de montaña, se debe especialmente a sus características topográficas y su cubierta vegetal. Estos son algunos aspectos que nos pueden ayudar a entender esta complejidad:

• Los vientos de ladera y de valle son factores que aceleran la propagación del fuego debido a la convección y al efecto chimenea.

• El efecto chimenea se debe al aire caliente que, al ser más ligero, asciende rápidamente por pendientes pronunciadas, cañones o barrancos. Este ascenso crea un vacío que succiona aire fresco desde la base, aportando más oxígeno y acelerando la propagación de las llamas como si fuera un horno.

• La habitual continuidad de masas forestales densas y la presencia de especies resinosas favorecen la formación de grandes incendios. La biomasa abundante actúa como combustible y la resina facilita la combustión rápida, además de la emisión de pavesas (chispas) que provocan focos secundarios.

• La complejidad orográfica que puede provocar inesperadas reactivaciones. El relieve irregular, compuesto por laderas, cañones, vaguadas y collados, altera la dirección del viento, intensifica las corrientes térmicas y crea zonas de difícil acceso que impiden las labores directas de extinción.

El enorme deterioro que producen los incendios afecta gravemente a nuestras actividades en montaña, estos son algunos de los daños más directas:

• Los incendios destruyen la cubierta vegetal de los senderos, lo que afecta a su estado, hay tramos que pueden desaparecer y su señalética queda inservible.

• Los incendios alteran gravemente la geomorfología de la montaña. El fuego aumenta el riesgo de desprendimientos o deslizamientos de tierra debido a la erosión, y puede causar daños irreparables en áreas rocosas.

• Un sendero homologado puede quedar tan dañado que provoque su descatalogación, al menos temporalmente.

• Los cierres preventivos de caminos y carreteras pueden afectar a personas que ya estén en la zona para realizar actividades. También nos podemos encontrar con rutas y accesos cerrados después de los incendios, con objeto de evitar mayores riesgos o de regeneración del suelo.

• Las cenizas y los sedimentos arrastrados por las aguas de escorrentía contaminan los ríos y los embalses cercanos a los valles.

• El humo y el hollín de los incendios afectan a la calidad del aire, lo que hace que el riesgo habitual de la práctica del senderismo y otras actividades en la montaña sea más alto. Tenemos que recordar que el viento puede llevar el humo a zonas muy alejadas del foco del incendio.

El deterioro patrimonial, no solo alcanzan a la red de senderos homologados, también a los accesos y las propias áreas de escalada, vías ferrata, barrancos, refugios, etc.


Recomendaciones de seguridad

Las recomendaciones de seguridad para personas practicantes de senderismo o montañismo ante el riesgo de incendio forestal se pueden dividir en tres grupos de medidas:

Medidas de prevención primarias (en origen...).

• Consultar las previsiones meteorológicas e informarse sobre el índice de riesgo de incendios y las alertas (olas de calor, fuertes vientos) de la zona antes de salir.

• Instalar un aplicación que permita rastrear incendios forestales, recibir alertas, consultar actualizaciones oficiales y reportar focos de fuego. Por ejemplo, la app gratuita Wildfire Watch Spain (Incendios Forestales España).

• Comprobar la red de comunicaciones de la zona.

• Dejar, a una persona externa, información de la ruta a seguir y de las personas implicadas. Es fundamental transmitirle cualquier cambio.

• Comprobar la cobertura de la póliza del seguro de accidentes ante desastres naturales.

Medidas de prevención secundaria (in situ...)

• Prestar mucha atención a las señales de advertencia, los lugares cerrados y las recomendaciones del alojamiento, si fuese el caso.

• No hacer hogueras o encender fuegos en el monte, especialmente en épocas de alto riesgo.

• No tirar colillas ni fósforos encendidos. No arrojar basuras, botellas de cristal o latas, ya que pueden provocar un "efecto lupa" con el sol.

• Respetar las restricciones: Cumplir con las normativas locales; muchas áreas prohíben el tránsito por senderos o la acampada cuando hay riesgo extremo.

• No aparcar en áreas con vegetación alta, porque las partes calientes del vehículo pueden causar incendios.

• Aparcar con la parte frontal del vehículo hacia la salida o ruta de evacuación para poder salir de inmediato.

• Tener el vehículo con el depósito lleno o a plena carga, para poder recorrer la mayor distancia posible si fuese necesario.

• Siempre que sea posible, no conducir por la noche, ya que el humo puede ser menos visible 

• Si se ve humo o fuego darse la vuelta, si el retorno es más seguro. Si no es el caso, dirigirse con tranquilidad hasta un área abierta y baja. Recordar que el humo puede ser más peligroso que el fuego.

Medidas de prevención terciaria (de emergencia...):

• Si se detecta humo, fuego o se tiene sospecha de un foco próximo, llamar inmediatamente al 112 e indicar la posición con la máxima exactitud posible y dando referencias visuales.

• Observar el viento, porque el fuego avanza en su dirección. Huir en sentido perpendicular a este o alejarse hacia a zonas que ya se hayan quemado. Esta estrategia permite salir de la trayectoria de riesgo en la distancia más corta posible.

• No correr nunca ladera arriba, porque el fuego asciende mucho más rápido de lo que puede una persona. Evitar refugiarse en barrancos, hondonadas o cañadas, ya que actúan como chimeneas naturales para el avance del fuego.

• Si el humo es denso, taparse con un pañuelo a poder ser humedecido. El humo caliente y los gases tóxicos son más ligeros y se elevan, por lo que el oxígeno y el aire más limpio se concentran a ras de suelo.

• En el caso de quedar rodeado por las llamas, buscar una zona extensa sin vegetación (como roquedos, áreas despejadas o zonas previamente quemadas) y tumbarse en el suelo en dirección opuesta al viento, protegiendo las vías respiratorias.

Por último, un consejo más: Evitar las actividades en zonas quemadas. Tienen riesgos añadidos a los habituales y no favorecemos la regeneración de los suelos. Se puede apoyar al mundo rural sin crear más problemas.



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